
Cleopatra fue una apuesta demasiado arriesgada para ser verdad. Los estudios Twenty Century Fox estaban al borde de la ruina a finales de los 50 y una producción costosa como esta parecía ser un suicido más que una buena idea empresarial.
Pero en aquellos años las apuestas de productores y directores estaban más guiadas por impulsos y visiones románticas que por el sentido común. Ante la encrucijada, solían correr hacia adelante apostando por lo imposible. Los estudios necesitaban urgentemente un gran éxito de taquilla para recuperar sus arcas vacías.
Después de arduos días de trabajo en Londres donde la metereología no acompañaría, Elisabeth Taylor enfermaría gravemente y los pocos minutos rodados serían un material inservible. El proyecto ya era un costoso e inagotable agujero por donde el dinero se iba, sin apenas trabajar en él.

Mankiewicz tomó el proyecto 9 o 10 meses después de su comienzo, en un estado de incertidumbre, donde todo el mundo implicado en él cobraba pero apenas trabajaba. El director decidió comenzar de cero, con un nuevo guion que iba escribiendo a medida que rodaba. Se trasladaron a los estudios de Cinecità en Roma. Lugar de predilección de la actriz y donde el clima ayudaría a esta a mejorar de su neumonía de la que casi no sobrevive (a la actriz se le efectuó una traqueotomía de urgencia y estuvo convaleciente varios meses).


El resto del elenco de actores entre los que destacaban Rex Harrison, Martin Landau y Roddy McDowall y una increíble banda sonora a cargo de Alex North, componen esta epopeya que no sólo lo fue en la pantalla, sino que también lo fue durante su interminable rodaje.


La película luce majestuosa. Con enormes decorados, vestuarios e incluso construyeron un barco de verdad para Cleopatra que costó más de 200 mil dolares de la época. El presupuesto inicial se triplicó y la película tardaría años en recuperar el dinero invertido, a pesar del éxito de taquilla. El problema fue que una película de casi 4 horas solo podía tener un único pase diario, lo que se traducía en pocos ingresos a corto plazo.

No solo hubiera resultado costoso hacer dos películas, sino que una de ellas se iba a dedicar al romance de Cleopatra con el personaje de Rex Harrison y la segunda (que se estrenaría 6 o 7 meses más tarde) a la relación de Cleopatra con Marco Antonio. Había un gran revuelo en la prensa con la relación entre Taylor y Burton y la productora quería aprovechar la expectativa creada en torno a ellos y no tenían garantías de que aquella relación fuera a aguantar 6 o 7 meses.
Hoy en día se piensa en el material descartado, que esta pendiente de recuperar. Ahora que la película se ha convertido en uno de los clásicos más importantes de la historia del cine, solo es necesario, gracias a las nuevas tecnologías, reconstruir toda la película para crear la versión que al director le hubiese gustado estrenar en 1963.
Después de saber esto, resulta sorprendente como el resultado final convenció a público y crítica. Sin saber nadie, que la mitad de todo lo que se rodó se había quedado en el tintero. Como la versión que conocemos no se va a perder y nos gusta, hay muchas ganas de que algún día, la versión del director se haga realidad...
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